¿SIGUEN VIVOS LOS ZOMBIS? EL POLVO ZOMBI



¿Hay algo más que una simple fórmula química tras los “muertos vivientes”? Autores como Lucien G. Coachy relatan casos de supuestos zombis que han sufrido lesiones físicas mortales que harían imposible toda recuperación, idea por la que apuestan algunas importantes personalidades haitianas que nos describieron casos inexplicables a partir de la hipótesis de la tetrodotoxina. Ese fue, por ejemplo, el de un joven que se destrozó el cráneo en un accidente de tráfico. Sin embargo, se convirtió en un zombi a instancias del bokor de turno. Un zombi más, de esos muchos que según aseguran los campesinos haitianos, sale de la tumba atravesando la tierra sin remover la sepultura...






Hoy, pese a estar perseguida, la práctica de la zombificación sigue siendo una constante en Haití. Así lo pudimos comprobar mientras pasamos tres noches en el hounfor o casa-templo vudú de un famoso bokor. Una de esas noches, el bokor y sus ayudantes acudieron a un cercano cementerio para realizar un ritual, pero se nos prohibió expresamente salir del hounfor. Del exterior nos llegaba el murmullo de los rezos del bokor en medio de un lejano alboroto que se rompió coincidiendo con un ruido que identificamos con disparos... Aquello, lógicamente, despertó nuestra prudencia, pero a la mañana siguiente decidimos aproximarnos al camposanto, en donde encontramos una tumba profanada y, junto a ella, un ataúd abandonado. Levantamos la cubierta del féretro y, efectivamente, ¡estaba vacío! Desde ese momento, un nuevo zombi vagaba por Haití.

El de Francina Illéus es otro de los casos investigados por el Dr. Douyon Otro. La muchacha, de 16 años y conocida familiarmente como Ti-Femine, fue ingresada en el Hospital Saint Michel de l'Attalaye aquejada por serios trastornos digestivos. Todo parecía discurrir por buenos derroteros; le dieron –incluso- el alta médica, pero el 23 de febrero de 1976 fallecía en su domicilio. Así lo explica su acta de defunción, pero la historia adquirió un rumbo inesperado. Su familia, pobre como casi todas las haitianas, no pudo pagar ni un féretro ni -por supuesto- un entierro en condiciones. Así las cosas, su cuerpo sin vida permaneció varios días en el depósito de cadáveres antes de ser sepultado... hasta que en abril de 1979 una amiga la encontró errando sin rumbo en el mercado de Enery. Se dictaminó oficialmente que la joven Francina había sido convertida en zombi, lo que la convirtió en una apestada en su comunidad. Una historia que no deja de ser habitual. Ella, como tantas otras, fue internada en un psiquiátrico; actualmente, sin embargo, está bajo los cuidados de Joyce Auserman, una pastora evangélica afincada en Haití que ha acogido varias víctimas de la zombificación.

Zombis con nombres y apellidos

María Malval

Falleció en 1909, el día de su boda. Cinco años más tarde, en su lecho de muerte, el padrino de María, carcomido por los celos, confesó a su confesor que había contratado un bokor para zombificar a la joven. Reveló que la habían sacado de la tumba y vendido como esclava en una plantación propiedad del brujo. Allí, el sacerdote la encontró demente y muda. Acabó sus días en el convento de Santa Rosa de Lima.


Natagéte Joseph

Falleció en 1966 a los 50 años. Trece más tarde reapareció en su pueblo natal amnésica, muda y deteriorada mentalmente. Sin identidad legal, en estado vegetativo, la zombi fue internada en el Centro Psiquiátrico de Puerto Príncipe, donde murió por segunda vez.

Jean-Claude Pierre

Originario de Gonaives, fue enterrado en 1977 a los treinta años. Seis después fue encontrado por sus hermanos vagando por el barrio. Tras ser identificado por sus padres y cinco testigos, la policía lo condujo al Hospital del Dr. Douyon en lamentable estado. “Parecía como recién salido de un campo de concentración”, aseguró el Dr. Douyon, que supone que el bokor que lo zombificó le arrancó todos los dientes para que, de recuperar el habla, nadie pudiese entenderle.

Medula Charles

Falleció, recibió sepultura y, finalmente, reapareció. Se recuperó lo suficiente como para dar a luz un hijo. Ya en proceso de rehabilitación estuvo a punto de ser secuestrada por unos desconocidos en pleno día. Supuestamente, los asaltantes eran los ayudantes del bokor que pretendían, por segunda vez, convertirla en un “muerto viviente”.

Polvo zombi

En 1993 la revista británica The Ley Huntler publicaba un artículo de un médico norteamericano oculto bajo el pseudónimo de Michael Baran en el que se relacionaban los brotes de sida en Haití con el culto vudú. Baran, tras constatar que los primeros focos del síndrome surgieron en Haití y en el África negra en 1978, llegó a la conclusión de que el único punto en común entre ambos enclaves era la religión vudú y más concretamente, las prácticas de zombificación. Según esta audaz hipótesis, el virus, que se encontraba en estado latente, era de algún modo estimulado a través de las numerosas pócimas y ungüentos utilizados por los bokor. A fin de cuentas, al margen del empleado para los ritos de zombificación, se conoce más de un centenar de diferentes polvos mágicos con diferentes utilidades brujeriles y complejos compuestos químicos.

No es de extrañar, por tanto, que cuando en octubre de 1994 más de 20.000 soldados norteamericanos desembarcaban en Haití para reponer el gobierno de Jean Bertrand Aristide, se lanzasen amenazas de todo tipo contra los nuevos invasores blancos. Curiosamente, poco tiempo después de la toma del país, un grupo de psiquiatras fueron enviados allí para investigar los extraños suicidios y los inexplicables arranques de locura que se estaban produciendo en el seno de la tropa. Pronto, los rumores se desataron por todo el país: la brujería vudú –pensaban muchos- podía derrotar a los fusiles yankis y los mágicos polvos de los bokor vencer a cualquier carro de combate invasor.


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