LOS SIGNOS DE DIVINIDAD: SIGNUM DEI EN LAS RELIGIONES



La osmogenesia probablemente es el menos espectacular de los fenómenos físicos del misticismo. En su monumental estudio Thurston examina, de forma sorprendentemente objetiva, los “signum Dei”, fenómenos supuestamente sobrenaturales que, durante siglos, fueron definitivos en los procesos de beatificación y santificación de muchos santos. Los estigmas, los milagros eucarísticos, la incombustibilidad, la incorrupción de los cadáveres, la multiplicación de alimentos, la levitación… 


En España el mayor compilador de milagros y fenómenos místicos probablemente fue mi amigo D. Francisco Sánchez-Ventura y Pascual, tristemente fallecido el 13 de junio de 2007. 

Sánchez-Ventura fue Catedrático de Economía y Legislación en la Universidad de Zaragoza. Pero desde su fundación, en junio de 1970, dirigió la revista María Mensajera, donde daba cuenta de todo tipo de sucesos supuestamente sobrenaturales, recogidos in situ en los principales emplazamientos de apariciones marianas de España y otros países. También fue el organizador de los cursos marianos de la Pardina, que ahora dirige su hijo, el sacerdote Juan Sánchez-Ventura Ferrer. Y sobre todo nos legó una amplia bibliografía en la que relata sus experiencias personales con los videntes y místicos más influyentes de los últimos tiempos, en la que detalla experiencias absolutamente increíbles vividas en primera persona: danzas del sol, imágenes que lloran sangre, sagradas formas materializadas de la nada. 

Hasta tal punto llegó su compromiso con las apariciones que cuando la Virgen de Garabandal “pidió” que se construyese allí una capilla dedicada a San Miguel, Sánchez-Ventura la financió de su bolsillo.

Siempre obediente a la jerarquía de la iglesia, sus obras, según incluía en la impresión de muchas de ellas, eran:

“Presentadas a eminentes teólogos y censores y todas las correcciones que sugieren han sido incluidas. A pesar de ello, y en respuesta a sugerencias válidas a tal efecto, se decidió en última instancia no solicitar el “imprimatur”, para evitar colocar la autoridad eclesiástica ante una solicitud de aprobación de un libro que contenga la relación de ciertos eventos que aún no han recibido sanción oficial… En obediencia y sumisión a la jerarquía, el autor coloca este libro incondicionalmente en manos de la autoridad eclesiástica y declara que está dispuesto a omitir o modificar cualquier cosa que la autoridad pueda desear ver omitida o modificada… También se ofrece a retirar esta publicación a la menor sugerencia a tal efecto por parte del arzobispo de la diócesis a la que pertenece…”. 

A diferencia de Thurston, Sánchez-Ventura vivió en primera persona los fenómenos sobre los que escribía, razón por la cual su fe era incombustible. Y su conclusión de que los fenómenos místicos eran de origen divino… o diabólico, inamovible. Pero esa opinión dejó de ser compartida por la Iglesia católica hace siglos. 


Fenómenos místicos en otras religiones 

Sin embargo, a partir del siglo XVI y XVII, misioneros como San Francisco Javier, que llegó a la India en mayo de 1542, descubrieron que aquellos Signum Dei que supuestamente eran garante de la gracia, eran protagonizados por santones, faquires y místicos pertenecientes a otras religiones, que ni siquiera sabían de la existencia de Jesús, ni por supuesto habían sido bautizados. 

Durante mucho tiempo los Signum Dei, como los estigmas o levitación fueron considerados garante de la gracia recibida por un místico como Santa Teresa de Jesús o San Francisco de Asís, y utilizados como prueba en sus procesos de beatificación primero, y canonización después. De ahí que en los sumarios eclesiásticos de dichos procesos, podamos encontrar testimonios jurados de testigos directos, informes médicos de las autopsias realizadas, y otras evidencias de los supuestos milagros difíciles de refutar. 

Poco a poco, los misioneros católicos destinados en Asia, África o América, certificaron casos de fenómenos aparentemente sobrenaturales, como la levitación, la capacidad de caminar sobre el fuego, las curaciones inexplicables, etc. protagonizados por místicos musulmanes, hindúes o budistas. Y no solo eso. Los maravillosos versos de contemplativos como Santa Teresa de Jesús, San Agustín o San Juan de la Cruz, resultaban sorprendentemente similares a los redactados por otros contemplativos, no cristianos, como Rumi, Algazel, etc. autores de obras de igual belleza, y en ocasiones sorprendentemente similares a las de autores cristianos. 

Durante el siglo XIX, con el avance de la hipnosis, y el nacimiento del espiritismo y la parapsicología, muchos sacerdotes, especialmente jesuitas, descubrieron nuevos casos en los que los otrora fenómenos físicos del misticismo, eran protagonizados por médiums y dotados, aparentemente en condiciones de control… Muchos resultaron ser fraudes, pero casos como las levitaciones de Daniel Douglas Home, no tenían nada que envidiar a las de un San José de Cupertino en cuanto a los reputados testimonios que las avalaban. 

Con pluma firme y espíritu crítico el padre Herberth Thurston, por ejemplo, desecha numerosas tradiciones sobre supuestos milagros atribuidos a santos, que considera exageraciones, fraudes o imposturas. Y de igual forma denuncia los engaño de muchos falsos médiums. Pero al mismo tiempo, y en base a su relación con los científicos de la Society for Psychical Research, no tiene inconveniente en subrayar que si se aceptan como reales los prodigios de los santos, deben aceptarse también los de psíquicos, médiums o místicos de otras religiones, que sin embargo no forman parte del cristianismo. 

Quien esto escribe ha tenido la oportunidad de estudiar los fenómenos místicos del Hinduismo, Islam o Budismo en diferentes países de África y Asia, y puede dar testimonio que los relatos, sobre manifestaciones físicas del poder de Krisna, Allah o Buda, son sospechosamente similares a las supuestas manifestaciones de Cristo en los místicos cristianos. Quizás, después de todo, es el hombre, y no Dios el origen de todos ellos. 

FALSOS MÍSTICOS 

Muchos supuestos místicos, dentro o fuera del cristianismo, resultaron ser fraudulentos. En España, casos como el de Clemente Domínguez, Andres Ballesteros o Antonia Alvarez, investigados personalmente por el autor, evidencian que pese a sus estigmas, curaciones y prodigios, la aparatosidad, exhibicionismo y ostentación de sus supuestos “poderes” solo ocultaban un móvil económico. 

Hoy no basta con presentar supuestos fenómenos para llegar a los altares. Estigmatizados actuales, como el italiano Georgio Bongiovani o la mexicana Elizabeth Sánchez, incluso aceptando que sus trances no sean un fraude, nunca serán considerados candidatos a la beatificación católica. Porque la humildad, y la huida de todo protagonismo, llegando a esconder sus “poderes” para evitar toda popularidad, fueron una de las características de personajes como el Padre Pio o Santa Teresa de Ávila. Y esa humildad y renuncia a toda fama, que no comparten los charlatanes, si supone una evidencia a favor de la autenticidad de los verdaderos fenómenos físicos de los místicos. 



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