CURANDEROS: TANTO EN ORIENTE COMO EN OCCIDENTE



Para Don Félix resulta sencillo tratar el cuerpo humano para recomponer huesos, fracturas, etc. Y si él lo hace en el contexto de la tradición mágica precolombina, otros curanderos lo hacen en la tradición mágica europea. Y es que en el Viejo Continente no nos faltan personajes tan legendarios como los chamanes rusos, los brujos mexicanos, los houngan haitianos, los “Pais de Santo” brasileños, los hechiceros africanos, y otros médicos-mágicos del mundo. Por ejemplo las míticas meigas gallegas.


A medio camino entre la leyenda y la realidad, lo cierto es que las meigas, aunque no creamos en ellas, haberlas haylas…

Las meigas -y meigos-, cuya traducción correcta sería la de sabias -y sabios-, eran (más que son) una especie de “psicoterapeutas rurales”, que hacían las veces de curandero, psiquiatra y asesor del pueblo.

La tradición gallega está repleta de casos ejemplares sobre la genialidad de estos personajes y de su “mágica medicina”. Ana Ferreiro -directora del Centro LAGUZ en La Coruña- y heredera de la tradición moderna de las meigas gallegas urbanas, ha recopilado muchos de esos casos:

“Uno de los ejemplos más geniales -declara Ana Ferreiro- se produjo aquí mismo, en La Coruña. Un chico obeso acudió al meigo porque tenía una gran depresión; su novia le había dejado; había perdido el trabajo y se sentía muy enfermo. El meigo lo aoscultó con “su magia” y le dijo que debía beber todos los días, antes de que el el primer rayo del sol saliese, agua de 7 fuentes del pueblo. A partir de ese día el joven, que creía estar siguiendo una formula mágica del Sabio, se levantaba al alba, y corriendo recorría todo el pueblo para beber agua de 7 fuentes. Con aquel ejercicio comenzó a perder peso, ganó energía, seguridad en si mismo, y al cabo de dos meses su vida empezó a cambiar completamente… Si el meigo le hubiese dicho que su problema era solo que debía hacer footing a diario no le habría hecho caso… Todos necesitamos un poquito de magia en nuestra vida de vez en cuando…”.

Y los médicos tradicionales lo saben. Tal vez por eso salpican sus recetas de oraciones, formulas secretas, y crípticos mensajes… Pero nuestra dogmática ciencia oficial debería ser la primera en realizar una cura de humildad, y saber separar el grano de la paja para enriquecerse de una forma de medicina que, a lo largo de toda la historia, en todos los pueblos del mundo, ha sanado el cuerpo y la mente de millones de seres humanos. Eso sería mucho más inteligente que el pretencioso dogmatismo de atacar como falso, lo que simplemente no conocemos… y tal vez por eso tememos… 

LA INICIACION DEL MEDICO-BRUJO EN AFRICA

Los "médicos tradicionales", "hombres de la medicina" o "wanganga" (como se les denomina en suahili y en muchas otras lenguas bantúes) pueden llegar a su profesión de las formas más dispares.


Unos sienten su vocación a edades tempranas; otros en su juventud, madurez o incluso en la ancianidad. En muchas ocasiones, el cargo de "médico tradicional" se transmite hereditariamente. Otros creen haber sido llamados a este trabajo por los espíritus o por los muertos vivientes, y otros son entregados a este oficio aún siendo niños por sus padres. En estos casos, los niños ingresan sin necesidad de su consentimiento en "escuelas tradicionales", donde bajo rígidos adiestramientos accederán a todos los secretos de la "medicina tradicional".

Entre los Azande de Sudán, por ejemplo, la preparación de un futuro wanganga comienza a los cinco años con un ritual de iniciación. Tras pasar un examen meticuloso, desarrollado por el que será su maestro, en el cual el aspirante habrá de demostrar que sus intenciones son rectas y honestas, el joven ingerirá una pócima que "fortalecerá su espíritu". Seguidamente, se le conducirá a la fuente de un arroyo, donde comenzará su aprendizaje de hierbas, árboles y arbustos con los que en el futuro confeccionará las medicinas. Muchos de estos curanderos son célibes y siguen una estricta moral. En esto se diferencian de los brujos, que carecen de ética y buscan hacer el mal.

Llegado el día, el aspirante es iniciado públicamente para que toda la tribu pueda reconocerle como investido del don de la medicina. A partir de ese momento, el nuevo wanganga podrá inscribirse en las asociaciones o corporaciones que agrupan a los curanderos azandes. Desde ese momento, el "médico tradicional" se ocupará de las actividades más variopintas, que irán desde el ritual de "golpear la tumba" (una especie de medicina post-mortem que pretende despertar al muerto para que acuda a la casa del brujo que originó la enfermedad que lo mató y así vengarse para sanar su espíritu) hasta proveer de perchas o "clavijas medicinales" a una nueva casa (un remedio preventivo para alejar la enfermedad de ese hogar), pasando por la elaboración de todo tipo de amuletos y fetiches, como máscaras o figuras, que protegerán al propietario de embrujamientos o "mal de ojo"...




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