PARAPSICOLOGIA Y CIENCIA


En realidad la parapsicología empezó a gestarse cuando el hombre comenzó a buscar una explicación a los prodigios mentales que algunos mortales eran capaces de producir. Prodigios, como los “siddhis” budistas, o las “señales de divinidad” cristianas, que durante siglos han sido interpretados desde las religión, antes que desde la Ciencia.

No es de extrañar pues, que según el estudio de la investigadora Rhea White, de 2.532 santos católicos, al menos 676 protagonizaron algún tipo de fenómeno PSI, que ha sido considerado “milagro”, hasta que este siglo se crearon las primeras cátedras universitarias de parapsicología, dispuestas a desmitificar esos supuestos fenómenos sobrenaturales. Y de la misma forma que la hipnosis, la acupuntura, la epilepsia o los trastornos del sueño han perdido sus aureola “supranatural” a medida que ha evolucionado su conocimiento científico, los milagros han dejado de ser tales, a costa de la investigación parapsicológica... 



Dejando a un lado preámbulos como los trabajos de Sir Francis Bacon, Anton Mesmer, Charcot y Sigmund Freud, sobre alguna habilidades PSI, como el mesmerismo, la hipnosis o la sofronización, la Parapsicología nace al mundo de la ciencia en 1948, cuando un grupo de médicos, filósofos y físicos comienzan a acercarse tímidamente a un movimiento cuasi-religioso que surge ese año en Estados Unidos y poco después en Europa. Un movimiento, el espiritismo, que atrajo la atención y devoción de personajes como la Reina Victoria de Inglaterra, Thomas Edison, Victor Hugo, Arthur Conan Doyle, Thomas Mann, Schopenhauer o el novel Sir William Crookes, descubridor del tubo catódico.

Algunos estudiosos aceptaban la posibilidad de que entre los fraudes y engaños espiritistas existiese algún fenómeno de interés para la ciencia, y decidieron enfocar esos supuestos fenómenos, como la percepción extra-sensorial, desde una perspectiva diametralmente opuesta, esto es, partiendo del supuesto de que pudiese ser la mente de los sujetos presentes, la que produjese los fenómenos atribuidos a los espíritus. 

En 1876, y tras presentar una memoria de sus experimentos sobre la telepatía en al Asociación Británica para el Avance de las Ciencias, el físico William Barrett funda en Londres la Sociedad de Investigaciones Psíquicas, a la que se unieron en poco tiempo personajes tan relevantes como los escritores Shelley, Goethe, Dickens, Twain, Defoe o Balzac, políticos, como el Primer Ministro Lord Balfour (presidente de la Sociedad) o los Nobel Marconi, Lord Rayleigh, Charles Richet (impulsor de la parapsicología en Francia), Alexis Carrel, Henri Bergson, Louis de Broglie o los esposos Curie. Ese interés se ha mantenido todos estos años, de hecho, en el último congreso mundial de parapsicología celebrado en Madrid, contamos con la participación del premio Nobel de física por sus trabajos sobre los superconductores, Brian Josephson, que disertó sobre la relación de la física cuántica y los fenómenos PSI.


El interés de los científicos y académicos progresistas, como siempre, se enfrentó al de los conservadores, que parapetados tras un pseudo-escépticismo, comenzaron un feroz enfrentamiento con sus colegas, exigiendo todo tipo de medidas de control al la hora de aceptar a la parapsicología en el mundo universitario. Esa ha sido su aportación a la historia de la parapsicología, ya que ha debido superar todos los controles y apriorismos imaginables. Paradójicamente todavía hoy existen algunos académicos que combaten irracionalmente cualquier admisión de la parapsicología en los foros académicos, aun cuando los parapsicólogos que lideran la investigación internacional, sean en muchas ocasiones científicos y académicos de un prestigio y credibilidad fuera de toda duda. 

Así, en 1885, tres años después de su homónima británica, se crea en Estados Unidos la Sociedad Americana de Investigaciones Psíquicas, que cuenta con la participación de científicos como William James, Pierre Janet, Sigmund Freud, Carl Gustav Jung o Ferenczi.

Comienza de esta forma la historia de la parapsicología en los Estados Unidos, que en 1927 se asienta definitivamente en la universidad, cuando el matrimonio Rhine comienza en el Departamento de Psicología de la Universidad de Duke (donde todavía hoy es posible doctorarse en parapsicología) sus estudios estadísticos sobre la Percepción Extrasensorial (ESP), y la psicocinésis (PK).

Otros estudios estadísticos realizados por esos primeros “parapsicólogos”, como las encuestas sobre la percepción de “visiones” y “apariciones”; o los estudios del Dr. Krippner sobre los “sueños premonitorios”, se han convertido en clásicos.

Así, en 1956 se crea en la Universidad de Utrech la primera Cátedra oficial de parapsicología, a cargo del Dr. Tenhaeff, a la que han seguido otras. En 1973 se consigue llegar a unos términos académicos homogéneos en todo el mundo al inscribirse entre la Nomenclatura Internacional de la Unesco para los campos de Ciencia y Tecnología los conceptos parapsicológicos.

En el 75 y después de que el laboratorio de parapsicología de la Universidad de Washington, se abriese con un presupuesto de 500.000 dólares anuales, gracias al interés de James S. MacDonnell, presidente de la famosa compañía aeronaútica, y un auténtico apasionado por los fenómenos paranormales, comenzó a detectarse un interés de los Servicios de Inteligencia por utilizar las capacidades extrasensoriales con fines bélicos. Un interés que ha sido compartido por la CIA, el MI-6, el G-2, el Mossad o hasta el CESID, y que ha abierto otras vias de investigación militar, de los fenómenos paranormales.

En la actualidad, los científicos e investigadores que realizan estudios sobre los fenómenos paranormales en foros como La Cátedra de Parapsicología Koestler, de la Universidad de Edimburgo; la Universidad Lateranense de Roma; la Universidad Jhon F. Kennedy de Argentina, etc, deben sufrir la confusión popular que reina sobre este marginal campo de la ciencia.

La proliferación indiscriminada de videntes, astrólogos, cartomantes, médiums y curanderos, que se autodefinen gratuitamente como “parapsicólogos” ha provocado una imagen extremadamente distorsionada sobre la realidad de esta disciplina. A causa de la cual, los científicos e investigadores que actualmente dedican su tiempo y dinero al estudio de los fenómenos paranormales prefieran hacerlo lejos de la publicidad, y los medios de comunicación, lo que por otro lado hace que continúen distorsionando la imagen de esta disciplina personajes que, de ninguna manera, pueden ser considerados como representantes de la parapsicología. Esa confusión ha provocado también que algunos académicos conservadores identifiquen, a causa de una ignorancia de la real historia de la parapsicología, a esos charlatanes y embaucadores con los “parapsicólogos”. Gran error. 

Los únicos representantes lícitos de la actual parapsicología son científicos y académicos que, desde sus laboratorios universitarios, o desde sus estudios de campo, investigan de forma absolutamente altruista y desinteresada, por conocer más y mejor, aspectos todavía oscuros y mitificados, de la mente humana.

Independientemente de su dimensión química, matemática o física, la parapsicología está llamada a ocupar un relevante papel en el futuro de la ciencia por razones obvias. Los mitos, creencias y tradiciones que rodean el campo de estudio de la parapsicología, como el binomio “mente-cerebro”; las teórica supervivencia tras la muerte; los estados alterados de conciencia, son susceptibles de ser desmitificados (o no) desde la parapsicología, partiendo en este caso de una perspectiva antropológica, social, psicológicas, teológica, etc. Por no hablar de las aplicaciones prácticas que algunas disciplinas tan dispares como la criminología, la arquitectura, o la medicina, entre otras, han encontrado en algunos aspectos marginales del mundo paranormal. Pero esa sería ya otra historia.




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