CASOS DE CRIMEN ESOTÉRICO



A continuación expondré algunos ejemplos de esos crímenes esotéricos a los que tuvieron que enfrentarse las policías españolas en los últimos años y que, por su dramatismo, acapararon especial atención en los medios de comunicación, por producirse en diferente contexto ilustran tres aspectos de este problema legal:

- La Comunidad del Espíritu de Gran Aguila o "Secta de Mazagón":

"Maria Rosa Lima Cruz, nacida en Madrid el 21 de agosto de 1957, ingresa a las 3:10 h. del 29 de agosto de 1988 en el Hospital Universitario Virgen de la Macarena de Sevilla.

"Se le diagnosticaba una anemia hemolítica grave, con insuficiencia respiratoria, que necesitaba una entubación y asistencia mecánica. Se aprecian numerosas heridas en el cuerpo, producidas por quemaduras de cigarrillos, cortes, gran hematoma en el glúteo izquierdo y zona lumbar izquierda, alopecia y pabellones auriculares con hipertrofia de los cartílagos y edematizados, así como una desnutrición proteico-calórica. Por todo lo cual, y en situación de coma, pasa a la U.C.I., efectuándose una laparotomía el día 1 de septiembre por rotura de quiste ovárico, falleciendo el día 4 del mismo mes por distress respiratorio.



Practicada la autopsia al cadáver en Sevilla el día 5, dio como naturaleza de la muerte, violenta, y como causa, paro cardíaco por distress respiratorio, apreciándose en el cadáver lesiones atípicas..."

De esta forma, comienza el texto de la sentencia (apartado II) contra una atípica secta esotérica conocida periodísticamente como la Comunidad del Gran Espíritu del Aguila. Más tarde, durante el proceso, la prensa denominaría al grupo "La secta de Mazagon" refiriéndose al pueblo onubense donde terminaría ubicándose dicha secta.

El escándalo estalló en noviembre de 1988 en la prensa de todo el país. Según las primeras noticias, una comunidad esotérica denominada popularmente "Del Espíritu del Gran Aguila" -haciendo alusión a uno de los guias del grupo- era responsable de la muerte de una de sus devotas.

Sin embargo, los antecedentes de esta dramática historia hay que buscarlos en 1978, cuando la líder de este grupo, Ana Camacho Carrasco, asiste a un curso de control mental (método Silva) en el hotel Inglaterra de Sevilla. Camacho, nacida el 2 de marzo de 1948 en Bollullos (Huelva), aprendió en esos fines de semana técnicas de sugestión y de autosugestión que le serían muy útiles en el futuro. Técnicas del SILVA MIND CONTROL como el "control de sueño", "el espejo de la mente", "anestesia de guante", etc, formarían a Ana Camacho para dominar a sus acólitos. Técnicas como "la pantalla mental", empleada en exhibiciones de memoria prodigiosa, resultan herramientas susceptibles de ser usadas para impresionar a un colectivo crédulo, y esto es exactamente lo que hacía Camacho.

Durante esas reuniones se estructuraría la base de la "Comunidad de la Gran Aguila" a medida que los miembros se iban incorporando. Así llegaron a Ana Camacho sus futuros acólitos.

Desde el principio, el control de Ana sobre el grupo fue total. Hasta el extremo de que María Asunción "Susan" abandonaría a su marido para cuidar de Ana, y otros componentes del grupo como Fernando o Emilia abandonaron también a sus respectivas familias para unirse a la "comunidad"

Para asegurarse la devoción de sus seguidores, Camacho les dijo que tenía un cáncer de intestino y que pronto moriría, pero los años pasaban y no moría. Esto fue interpretado como la intercesión de entidades superiores. Camacho llegó a decir que había sido operada en un OVNI por médicos alienígenas. 

Sería demasiado extenso detallar el infierno que, por propia voluntad, padecieron los adeptos a la "Comunidad del Espíritu del Gran Aguila". Pero en poco difieren de las penitencias, autolesiones y torturas que han soportado religiosos y religiosas de todo tipo de credos. Lo que ocurre es que solemos tachar de fanáticos a los fundamentalistas que no comparten nuestras creencias. A los fundamentalistas que comparten nuestras creencias, y asumen torturas o penitencias en función de nuestras creencias, les llamamos mártires. Sirva esto como invitación a la reflexión.


Con la máxima repetida repetida insistentemente por Camacho de "a través del sacrificio se alcanza la salvación", fórmula que, por cierto, se encuentra en casi todo grupo y culto esotérico o religioso, las torturas se intensificaban. Rosa Lima fallece finalmente el 4 de septiembre de 1988 victima de tales torturas. 

- El Crimen del Albaicín:

"Ritual sangriento en Granada". Los titulares de toda la prensa nacional se cebaron en este caso. En el Albaicín granadino, Encarnación Guardia, vecina de Haza Grande, de 36 años, fue sometida a unas salvajes torturas esotérico-sado-masoquistas. Según el parte médico, la muerte sobrevino por una ingestión de sodio que le produjo un edema cerebral. Además, presentaba múltiple lesiones por todo el cuerpo y, en especial, desgarros en la vagina. Las referencias a este caso se pueden encontrar en todos los diarios y revistas publicados en los primeros días de febrero de 1990, así como en enero de 1992, cuando se desarrolló el juicio contra los acusados.

Durante el proceso judicial contra un curandero y exorcista “amater” conocido como “El Pastelero”, que dirigió el sangriento ritual contra Encarnación Guardia Isabel, Enriqueta Alonso Guardia, Josefa Falardo y María Alonso Vaca, familiares de la víctima, dijeron que, en la noche de autos, Encarnación Guardia llegó a casa del Pastelero gritando que era Lucifer.

Según la defensa estaba como poseída por un espíritu y hablaba con otra voz, la de un primo suyo fallecido hacía dos años. Tanto el curandero como los familiares de Encarnación, creyentes en fenómenos espiritistas, intentaron extraer el espíritu que poseía a la mujer.

Durante su declaración ante el juez, Mariano Vallejo dijo: "Josefa introdujo su mano en la vagina de Encarnación diez veces, hasta que le extrajo una masa maloliente, mientras decía: "¡ya lo tengo aquí!" (se refería al espíritu poseedor). Los demás la sujetábamos, porque parecía como loca y quería matarnos"

Esa "masa maloliente" no era un espíritu ni una entidad sobrenatural, sino parte del paquete intestinal de la fallecida.

- El infanticidio de Almansa.

Resulta difícil imaginar un crimen más brutal, inútil y absurdo que el de Rosa Fernández Gonzálvez. Tal vez el más brutal al que se ha enfrentado la policía española en los últimos años. Esta inocente niña de 11 años fue asesinada de la forma más brutal y salvaje que podamos imaginar por su propia madre. La prensa, como siempre, confundió el tocino con la velocidad exprimiendo titulares como "Crímen satánico en Almansa". Muy al contrario, el terrible asesinato de Rosa no se produjo en un ritual satánico, sino en nombre de Dios.

Los hechos se produjeron con todo su dramatismo en la madrugada del martes 18 de septiembre de 1990, en el pueblo albaceteño de Almansa.

Almansa es un pueblo rico en curanderos y espiritistas. Docenas de consultorios espiritistas que profesan gran fervor a la imagen de Santa Lucía atiborran el pueblo. En una conversación con el Excmo. Alcalde de Almansa recuerdo que me manifestaba su molestia ante la invasión esotérica, porque todo el mundo sabe que lo importante de Almansa es su industria del calzado (?). Rosa Gonzálvez Fito, nacida el 5 de enero de 1954, era una de las más prestigiosas sanadoras espiritistas de Almansa.

Iniciada en el espiritismo por Enrique "El de Villena", un ex-empleado de una fábrica de zapatos que dejó su trabajo para dedicarse a la curación, Rosa Gonzálvez, "Hermana de la luz", "miradora" o "sanadora", atendía diariamente a multitud de enfermos. Su especialidad, la imposición de manos. Los ingresos de esta curandera eran tan sustanciosos que su marido, Jesús Fernández Pina, nacido el 24 de junio de 1947, pudo permitirse el abandonar su trabajo de zapatero para hacer de secretario de su mujer.

La triste protagonista de esta historia fue Rosa Fernández Gonzálvez, única hija del matrimonio, nacida en Albacete el 22 de abril de 1979.

El periodista del diario "La Tribuna" de Almansa y buen amigo, Luis Bonete, realizó un meticuloso seguimiento del caso desde el primer momento. A él se deben las imágenes televisadas en todos los canales, así como las fotografías tomadas durante la detención de las implicadas en este absurdo infanticidio. A su profundísima investigación se deben muchos de los datos desconocidos por el gran público sobre este patético caso.

Los dramáticos sucesos que desencadenaron la tragedia del 18 de septiembre comenzaron en realidad tres días antes, el sábado 15 de septiembre, cuando R. Gonzálvez, María Angeles Rodríguez Espinilla y su hermana Mercedes salen juntas a cenar. Mercedes había llegado dos días antes a Almansa, procedente de Valladolid, con la intención de pasar unos días con su hermana.

En la madrugada del día 18, las tres mujeres llevaban ya dos día encerradas en casa de la curandera, sumergidas en absurdos ritos exorcistas. En plena noche Jesús, marido de la curandera, entra en el dormitorio y sorprende a su mujer totalmente desnuda, con las hermanas Rodríguez. Las tres estaban cubiertas de excrementos y bilis. Tiempo antes, se había desarrollado otro ataque de histeria exorcista en la habitación.

A golpes, obligan a Jesús a que limpie la habitación y a que despierte a Rosi, hija del matrimonio, que ya estaba acostada en su habitación. El padre conduce a la pequeña a la habitación, donde es desnudada y metida en la cama. Pero poco tiempo podrá dormir la pequeña, ya que un rato después es despertada por su madre y obligada a tumbarse en el frío suelo. Lógicamente, la niña comienza a tiritar. En ese instante, dice Mercedes: "Si vais a quitar el mal, hacedlo ya, porque la niña no se encuentra bien"

Rosa, ebria de superstición, exclamó "¡Maldita sea! El mal está dentro de ti". La curandera y María de los Angeles atacaron a Mercedes dándole patadas en la vagina y metiéndole los dedos en la boca hasta hacerla sangrar. Al ver la sangre, la curandera interpretó que el mal ya había salido, dirigiéndose entonces hacia su hija, y comenzando a golpearla, asegurando que era ella ahora la poseída por el espíritu de Martín.

Al escuchar los lloros de Rosi, su padre, que había sido expulsado de la habitación, entró nuevamente con la intención de rescatar a su hija... Ojalá lo hubiera hecho, porque aquella fue su última oportunidad de salvar la vida de la pequeña de la superstición homicida de las espiritistas.

Las tres mujeres atacaron con feroz violencia a Jesús, que nuevamente fue expulsado del dormitorio, saliendo además de la casa en busca de ayuda.

Ese momento es aprovechado por las tres mujeres, que se trasladan con Rosi al dormitorio de la pequeña. Tras atrancar la puerta con una de las camas y la cómoda del dormitorio, acuestan a la pequeña en la cama restante, reiniciando sus rezos, jaculatorias y exorcismos.

A las 6:00, regresa Jesús con Ana María, hermana de la sanadora, pero no pueden entrar en el dormitorio, quedándose al lado de la puerta hasta las 9:00.

Dentro de la habitación, Rosa y las hermanas Rodríguez destrozan todos los muebles, se revuelcan por el suelo, gritan, caminan descalzas sobre clavos y cristales, se orinan... el espectáculo debió ser estremecedor para la niña, que, aterrada, vivía los últimos instantes de su corta existencia.

Mientras, en su locura exorcista, Rosa echaba colonia encima de María de los Angeles. Esta tuvo la fatal ocurrencia de decir que notaba que le venía el mal "por abajo"; que estaba entrándole un "aborto del Diablo". En ese momento, la curandera colocó una toalla en la vagina de Angeles y comenzó a golpearla en el vientre. Al retirar la toalla llena de sangre, encontraron la prueba que necesitaban para confirmar sus sospechas sobre el "aborto del Diablo". Posteriormente, se averiguó que ésta tenía la menstruación ese día...

Ante ese hecho, Rosa se vuelve hacia su hija y le dice: "Estas embarazada por el Diablo". Era el principio del fin de este drama.

Las tres enajenadas se precipitan sobre la niña y, mientras las dos hermanas la sujetan, Rosa le abre las piernas y le introduce sus manos en la vagina.

Minutos de dolor indescriptible. La curandera arranca los ovarios, los intestinos, la vagina..."Gloria al Espíritu Santo, gloria a Jesús, ¡Sal cabrón!" increpaba la sanadora mientras hurgaba con las uñas en las vísceras de su hija.

En el nombre de Cristo, la curandera destrozaba, desgarraba, destruía, devastaba las entrañas de su hija con las manos. Durante unos minutos interminables, Rosi, con sólo 11 años, sufrió lo que ninguna narración puede describir. Por fin, la masiva pérdida de sangre produjo un piadoso shock a la pequeña que le provocó la muerte, cesando así su inenarrable tormento.

Aún después de muerta, y ya con mayor facilidad, Rosa continuó arrancando las vísceras de su hija por la vagina. Y cuando se sintió cansada cambió la posición con María de los ángeles que continuó con su tarea mientras exclamaba a cada "demonio" extirpado: "Otro, otro, ¡Esto no se acaba nunca!".

A las 9:00 h. de la mañana consiguieron entrar Jesús y su cuñada en la habitación. El espectáculo era dantesco. El padre salió disparado en busca de ayuda, y desde la casa de un vecino, llamó a la policía. Ana Gonzálvez se quedó en el dormitorio. Las tres mujeres se precipitaron contra ella. "Tú eres la clave; necesitamos tus ojos para que la niña reviva". La curandera y sus ayudantes propinaron una brutal paliza a la mujer que estuvo a punto de perder los ojos en el ataque, el cual le produciría una contusión retiniana en ambos.

Cuando comenzaron a ser conscientes de la monstruosidad que habían hecho, Rosa y Angeles intentaron darse a la fuga, siendo detenidas por la policía: Rosa, en un bar cercano, y María de los Angeles, en un vehículo particular que asaltó en la huida. Mercedes fue detenida en el mismo lugar de la masacre.





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