LOS ESTIGMAS DE SANTA VERÓNICA GIULIANI



Informes médicos, declaraciones juradas, autopsias… los procesos de canonización de los santos presentan evidencias sorprendentes de fenómenos sobrenaturales como los estigmas o la levitación, que fueron decisivos en su santificación. Pero, ¿Qué ocurre cuando los misioneros descubrieron que místicos de otras religiones protagonizaban los mismos fenómenos inexplicables? 



A las 19:30 del 8 de diciembre de 2016, en el Cine de la Parroquia San Felipe Neri de la pequeña ciudad italiana de Collebeato, en Brescia, se proyectó de premier la película documental Il risveglio di un gigante (El despertar de un gigante), del joven director Giovanni Ziberna, dedicada a la vida de Santa Verónica Giuliani.

Gran desconocida por el gran público, e incluso por la mayoría de los católicos, Ursula Giuliani (adoptó el nombre de Verónica en 1677 al entrar en el convento de las clarisas capuchinas en Cittá di Castelo, Umbría), sin embargo, de ella dijo el Papa León XIII: «a ninguna criatura humana, con excepción de la Madre de Dios, se le concedieron dones más sobrenaturales». Y el Papa Pio IX añadió: «no una santa, sino un gigante de santidad», de ahí el título de la película de Ziberna. 

Verónica Giuliani protagonizó todo tipo de fenómenos místicos. Sin embargo, antes de ella ninguna otra monja capuchina había presentado los estigmas de la pasión, se encontró con el escepticismo inicial de sus contemporáneos. Sus experiencias comienzan en 1693, sugiriéndole su confesor que las anote todas en un diario, lo que hará durante el resto de su vida, legándonos un documento gigantesco de 42 volúmenes y 22.000 páginas, en el que se recogen visiones y poemas dignos de Santa Teresa de Ávila, Rumi, o San Juan de la Cruz. 

En 1694 aparecen sobre su frente las heridas sangrantes de la corona de espinas, y el 5 de abril de 1697 los estigmas de Cristo en manos, pies y costado. Pero, creyendo que eran heridas autoinfringidas, su propia abadesa la denuncia a la inquisición, iniciándose un calvario de acusaciones, humillaciones y exámenes que se prologará durante años, incapacitándola para todos los cargos en la comunidad, sometiéndola a exorcismos y tratando los médicos de curarle los estigmas con todas las técnicas conocidas en la época. Pero las heridas de Cristo volvían a aparecer… 

Después vinieron las levitaciones, los “ataques diabólicos”, la multiplicación de alimentos, los “olores de santidad”, y todo tipo de prodigios imposibles, certificados una y otra vez por testigos presenciales ya que Giuliani, como el Padre Pío y otros místicos similares, intentaba en todo momento no llamar la atención y pasar desapercibida. 

Por fin, y ante la ausencia de evidencias de fraude, en 1703 se la habilita de nuevo como miembro de pleno derecho en la orden, siendo ordenada maestra de novicias y, en 1716, elegida abadesa. 


Hasta el día de su muerte, el 9 de julio de 1727, continuó protagonizando fenómenos inexplicables, y presentando los estigmas de la pasión de Cristo, que todavía pueden verse en su cuerpo incorrupto. Durante la autopsia los médicos certificaron que en su corazón también aparecía un estigma con forma de cruz, y otros con los instrumentos utilizados durante la pasión de Jesús, tal y como ella describía en su Diario. Así como un hundimiento del hueso de su hombro, debido a los trances en que aseguraba “cargar con la cruz de Cristo”. Beatificada por Pio VII en 1804 fue canonizada por Gregorio XVI en 1839, y desde 1978 está propuesta a Doctora de la Iglesia. 

En su cadáver incorrupto, que se conserva en el monasterio de las clarisas capuchinas de Cittá di Castelo, en Italia, aun podemos apreciar hoy en día, y perfectamente, los estigmas que presentó en vida. ¿Cómo es posible?. 

Su último “milagro” ha sido la conversión al catolicismo del joven director Giovanni Ziberna. Ateo, y nunca bautizado, se sintió tan impresionado por los milagros protagonizados por la Santa que durante la realización de la película, estrenada hace pocas semanas, se convirtió al catolicismo… 




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