EL MONSTRUO DEL LAGO AMATITLÁN


Mientras remontábamos las aguas del lago, a bordo de aquella frágil embarcación, no podíamos apartar la mirada de las oscuras aguas que nos arropaban. Apenas había amanecido, y las montañas que flanqueaban el lago le daban un aspecto aún mas siniestro, y ni tan siguiera la pericia de nuestro guía, conseguía tranquilizar nuestra natural inquietud ya que, según afirmaban cada vez mas pescadores, en aquella aguas se ocultaba una extraña criatura... una especie de “serpiente gigante”, un monstruo antediluviano, un ser de un mundo paralelo o, vaya usted a saber que extraña abominación de la naturaleza.

Al menos, desde 1971, diferentes vecinos de las aldeas de pescadores que rodean el perímetro del lago, aseguran haber observado, precisamente a esas vespertinas horas, un extraño monstruo, además de otros misteriosos fenómenos que se ocultan es esas aguas.




Igual que el Lago Ness en Escocia, o el lago Nahual-huapi en Argentina, esconden bajos sus aguas una leyenda en forma de monstruo legendario, ahora son las aguas de los lagos guatemaltecos, los que, durante los últimos años, se han convertido en herederos de ese enigma.

Según pudimos averiguar, tanto en el lago Amatitlán, al este de Guatemala Capital, como en el lago Atitlán, situado más lejos y al sur, existen leyendas sobre todo tipo de misterios paranormal relacionados con las aguas; luces misteriosas que surgen de las profundidades, ritos mágicos, criaturas desconocidas, ovnis, etc.

Desde hace al menos 27 años, en estos lagos se vienen documentando los avistamientos de un extraño monstruo, así como la presencia de no menos misteriosas luces que surgen de las aguas.

En agosto de 1994 un grupo de investigadores guatemaltecos de lo paranormal, se desplazaron hasta el lago Amatitlán para estudiar los relatos sobre la aparición del extraño monstruo del lago que, según algunos testigos, incluso habría llegado a atacar a algunos pescadores de la zona.

Una encuesta realizada por Alvin D. Palacios, entre los habitantes de diferentes pueblos de pescadores que bordean todo el perímetro del lago, como Morlón, Tacatón, Los Rios o El Caballón, arrojó el siguiente resultados; más del 70% de los nativos encuestados afirmaban creer firmemente que la existencia del monstruo del lago Amatitlan es una realidad.

El resultado de esa investigación se publicó en la revista Gaceta, cosa que no agradó demasiado a las compañías inmobiliarias que pretenden urbanizar el lago, y lo mismo ocurre con el lago Atitlán. Ambos importantes emplazamientos turísticos de Guatemala que, e opinión de los especuladores, podrían devaluar sus posibilidades económicas, si se atemoriza a los posibles inversores con la historia de un monstruo gigantesco oculto en las aguas del lago. No deja de ser curioso que en algunas de las playas que bordean esas aguas nos encontrásemos carteles que exhortan a los niños a no acercarse a las mismas con un contundente: “Prohibido Jugar en la Playa” ¿temor al monstruo de lago, quizás?

En realidad todo comenzó un miércoles del mes de junio de 1971. Aquella mañana, muy temprano, don Pioquinto Salvatierra y otros pescadores del poblado de El Caballón, habían salido a faenar, como cada mañana, en sus frágiles y diminutas lanchas. De pronto vieron surgir de las aguas del lago Amatitlán una insólita criatura de origen desconocido. Un monstruo que describieron como una “serpiente gigantesca”. 

La noticia corrió como un reguero de pólvora entre los pescadores del pueblo, y no tardó en llegar hasta la capital. Al día siguiente reporteros del diario La Tarde, se personaron en El Caballón, y la noticia llego inmediatamente a la prensa nacional. Comenzaba a gestarse así la leyenda. Y aunque este caso fue el primero reflejado en la prensa, desde hacia semanas se venía rumoreando en este y otros poblados de pescadores, tanto en el lago Amatitlán como en el Atitlán, que algo extraño y sobrenatural se ocultaba en esas aguas.

Con el paso de los años, los testimonios fueron amontonándose en los archivos de los investigadores, de hecho, durante la investigación realizada por Alvin D. Palacios en 1994 pudo reunir numerosos testimonios inéditos en torno a la aparición del monstruo. Nativos como María T. Poitán certifican que los avistamientos continúan produciéndose todavía, sin embargo, las burlas y el descrédito a que han sido sometidos algunos testigos (algo muy frecuente en este tipo de casos), unido al desagrado con que las empresas inmobiliarias ven este tipo de “publicidad contraproducente” para sus negocios, hace que cada vez sea más difícil acceder a los relatos originales de los testigos, que optan por callar.


A esos factores, el temor al ridículo y el temor a los empresarios, hemos de añadir el temor, o más exactamente, el pánico, en si misma implica esa experiencia.

Como pudimos comprobar in situ, la mayoría de los pescadores locales salen a faenar, cuando los primeros rayos del sol aún no han salido, y lo hacen solos y a bordo de unas enclenques lanchitas con forma de ataúd, hechas de frágiles tablas de madera. Podemos imaginar el terror que inspiraría a cualquiera encontrarse de pronto con una gigantesca criatura saliendo del agua, estando solos y a bordo de tan frágil embarcación. Según afirman algunos vecinos de esos poblados, más de uno pescador que se encontró con el monstruo perdió el conocimiento del terror que sintió. No es extraño que la mayoría de los pescadores no deseen hablar de tema.

Sin embargo, casos recientes, como el del pescador Patrocinio Gúzman, de la aldea de Los Ríos, que se encontró con una serpiente enorme “mientras buscaba caracoles en el río, y de pronto escuché un ruido enorme que salía del agua y vi aparecer aquel monstruo”, mantienen el mito.

Por otro lado, los guardias de los chalets que se han construido en los últimos años a orillas del lago Amatitlán, afirman que los relatos de los pescadores son veraces, y que realmente a veces se ven extraños animales en el lago.

En este sentido, en noviembre de 1994 el diario guatemalteco La República publicaba un interesante reportaje que, de alguna manera, podría estar relacionado con la aparición de estas criaturas, especialmente en el lago Amatitlan. Al parecer, según esta fuente, algunos lagos guatemaltecos poseen algún tipo de agente biológico que podría multiplicar el crecimiento de los animales marinos.

Según La República, en algunos lagos, como el citado Lago Amatitlán, se habían descubierto “peces de gigantesco tamaño”. Sin hacer ninguna mención al legendario monstruo, el respetable diario guatemalteco si cubría la noticia sobre las extraordinarias piezas que algunos pescadores se habrían cobrado al faenar por esta agua. Peces que con frecuencia superaban el metro de largo y el quintal de peso.

Mas recientemente otro nuevo factor vendría a relacionarse con esta leyenda, ya que equipos de investigación, como la Asociación Investigadora de Estudios Científicos del Fenómeno OVNI (AINECFOV), con sede en Guatemala, comenzaron a recopilar avistamientos de ovnis surgiendo precisamente en las aguas de los lagos Amatitlán o Atitlán, entre otros.

El Dr. Oscar Rafael Padilla Lara, presidente de AINECFOV, dirigió una posterior investigación en torno al legendario monstruo del lago, encuestando nuevamente a pescadores y vecinos de la zona, y manteniendo puntos de observación en torno a los lugares de aparición del supuesto ser, lo curioso es que, además de reunir testimonios sobre la supuesta “serpiente gigante” que se conservaría en esas aguas, se encontró con testigos de la aparición de extrañas luces de origen desconocido surgiendo de las mismas. Tal es el caso de Hector René Abboud Guerra, uno de los muchos testigos que ha visto salir de las aguas del lago Amatitlán extraños objetos luminosos. Lo mismo ha ocurrido en otros lagos guatemaltecos, como el Atitlán según hemos podido confirmar.

Tras varios días surcando esas aguas, nosotros no tuvimos la fortuna de encontrarnos con el monstruo, pero si pudimos constatar por nosotros mismos la magia, el misterio y el esoterismo que se encierra a las orilla de esos lagos, donde se mantienen desde hace siglos legendaria tradiciones mayas, y donde, todavía hoy, brujos y chamanes realizan ancestrales ritos mágicos, para exhortar a todo tipo de demonios y entidades sobrenaturales. Quizás, gracias a esos exorcismos, a los que asistimos antes de embarcarnos en esas aguas, no fuimos nosotros también, víctimas del monstruo del lago. 





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