EL FRANCISCANO HEREJE ANSELM TURMEDA



Escritor y sacerdote nacido en Palma de Mallorca a mediados del siglo XIV, estudió teología, ciencias naturales y astrología en Lleida, París y en Bolonia, antes de viajar a Túnez, en 1387. Aquí conoció el Corán, y terminó por renegar del cristianismo convirtiéndose al islam y contrayendo matrimonio con la hija de un notable tunecino, de la que tuvo un hijo: Muhanunad. 

Anselm Turmeda, ya bautizado Abd Alá («siervo de Dios»), se ganó la protección y el favor de los reyes Abu-l-Abbas Ahmad y Abu Faris. Fue jefe de aduanas, intérprete de los reyes tunecinos e intendente de su palacio. Sin embargo, ha pasado a la historia por su brillante obra literaria. Sus informaciones sobre la economía tunecina recogidas en su obra La Tuhfa son únicas en su género para el estudio de la Edad Media magrebí. 

En 1396 escribió el Llibre deis bons amonestaments, adaptación de un libro italiano consistente en un conjunto de estrofas de rima fácil y consejos morales, que tuvo una gran difusión en parte de España bajo el nombre de Fra Anselm y que fue libro de lectura en las escuelas hasta mediados del siglo XIX, a pesar de que tuvo algunas dificultades con la Inquisición hacia 1582. 

En 1417 o 1418 escribió, también en catalán, la Disputa de l'ase contra fra Anselm Turmeda sobre la natura e noblessa deis animais. De carácter anticlerical, fue condenado por la Inquisición. Y también escribió en verso unas Cobles de la divisió del regne de Mallorque, redactadas en 1398. 

Mientras permanecía en el norte de África, en España no se concebía que un padre franciscano tan cultivado hubiese apostatado libremente, y se hicieron frecuentes gestiones para que pudiese abandonar Túnez sin temor a represalias. En este sentido es notable la bula que en 1412 extendió en su favor el papa Benedicto XIII. 

Alfonso V el Magnánimo le extendió un generoso salvoconducto, firmado en septiembre de 1423, último dato que se posee sobre su vida. Sin embargo, sus compañeros eclesiásticos tuvieron que asumir la pérdida del sacerdote cuando Turmeda escribió, en lengua árabe, el tratado "Regalo del inteligente" que trata de la refutación de los secuaces de la cruz, donde refuta los dogmas del cristianismo y que le valió la condena definitiva de la Inquisición y la excomunión. 

Se conservan también algunas "profecías" suyas, composiciones poéticas al estilo de las profecías de Nostradamus, que tuvieron gran difusión y a las que se llegó a dar crédito, haciendo a Turmeda merecedor de gran devoción entre los musulmanes. 

Tomé algunas fotos de la tumba del ex franciscano, y mientras me internaba de nuevo en el caos de la medina me preguntaba qué podría haber encontrado un franciscano políglota, culto y piadoso en el islam para renegar de su fe y convenirse en un feroz crítico del cristianismo. ¿O acaso nunca renegó de su fe en Dios y tan sólo la adaptó a la nueva sociedad en que escogió vivir? ¿Es posible que si Anselm Turmeda hubiese nacido en Túnez, con el nombre de Abd Alá, hubiese estudiado el Corán, y que si luego hubiese decidido viajar a España y establecerse en Mallorca, hubiese abdicado del islam y se hubiese convenido al cristianismo? ¿Es que acaso nuestras creencias más íntimas dependen tan sólo de la cultura en la que hemos nacido, o de la cultura en la que decidimos vivir? ¿Significa eso que nuestra fe es tan frágil y condicionada que sólo es cuestión del lugar donde nos encontramos? Eso convertiría a Dios, o al menos a las religiones, en una mera cuestión cultural, y casi en una moda histórica. 

Mientras caminaba por la calle del Dey, dejando a mi derecha la mezquita Al Ksar y los típicos hammam daoulati (baños tunecinos), recordaba mi propia fe, al iniciar mis estudios de teología católica, muchos años atrás, y las dudas que me corroían el alma al estrechar la mano del excelentísimo arzobispo de Santiago de Compostela y recoger mi diploma cinco años después. Así que pensé que si no encontraba a Dios en las páginas de la Biblia, lo buscaría por todo el planeta, hasta el fin del mundo, literalmente, si fuese necesario. Abd Alá murió en 1423. Ignoro si al final encontró la paz de su espíritu y la respuesta a estas preguntas.


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