VIVIR DEL MISTERIO EN ESPAÑA



En un brillante intento por dignificar el “periodismo del misterio”, en octubre de 2009, y como conferencia inaugural de las Iªs Jornadas de Periodismo del Misterio celebradas en la Universidad de Sevilla, Javier Sierra pronunció una magnífica conferencia titulada “Cuatro décadas de periodismo del misterio”. Lo mejor que yo he escuchado hasta ahora sobre el tema. 




Sierra intenta dibujar la historia de esta forma de periodismo datando su inicio en los años 60 con la revista Planete, fundada por Louis Pawwels y Jacques Bergier, que intentaron rentabilizar el éxito de su libro “El retorno de los brujos” sacando su propia revista especializada en lo que denominaron “Realismo Fantástico”.

Planete se publicó originalmente en Francia, pero en 1968 aparece su edición española: Horizonte, editada por Plaza y Janés y con una tirada de 10.000 ejemplares. Se editaron 16 números.

Después llegarían Karma7, cuyo número 1 se publica en 1972, y toda una larga lista de revistas similares, que intentaron dar una salida profesional al “periodismo del misterio”. Pero fracasaron.

Salvo los contados puestos fijos en la redacción, para los colaboradores que intentasen pagar una hipoteca, el colegio de sus hijos o simplemente subsistir de lo que cobraban por cada artículo, estaban condenados a vivir debajo de un puente. Hoy es todavía peor.

Karma7 fue durante décadas el referente del “periodismo del misterio”… pero desapareció. Como desaparecieron Paraciencia, Nuevos Horizontes, Xanadú, Nueva Dimensión, Supermente, Mundo Misterioso, Mágica, Revista de Parapsicología, Próximo Milenio… o la mejor de todas Mundo Desconocido. Aquellas cabeceras, todas revistas comerciales de venta en kioskos, dieron durante un tiempo esperanzas a los jóvenes que aspiraban a vivir de la divulgación… pero no era posible. No exclusivamente a través de esos ingresos.

Vivir del periodismo de misterio en España

Si para realizar un reportaje tenías que viajar a otro país (o incluso ciudad), y costearte el avión, hotel, comida, etc, era imposible amortizar la inversión cobrando 60, 70 o 80.000 pesetas por artículo. Pero ahora es peor. Con la crisis económica la valoración de los artículos en toda la prensa escrita descendió a menos de un tercio. Como muestra un botón. Un artículo de portada publicado en una revista del sector, el pasado febrero recibió una valoración de 180 €. Lo sé porque soy el autor…

Para la elaboración de dicho artículo se realizaron numerosas entrevistas personales a testigos en diferentes partes de España, se busco en archivos históricos, hospitales, etc, la contrastación a sus relatos, se consultó una amplia bibliografía (y no hablo de libros descargados gratis de la red), etc. ¿Puede considerarse por tanto el lucro como un móvil para publicar artículos como argumentan los pseudo-escépticos? Es más, ¿es posible plantearse vivir de dichos artículos?


Si un artículo de portada recibe esa valoración, suponemos que artículos no destacados recibirán una gratificación económica menor. De hecho podemos deducir que para alcanzar el sueldo mínimo interprofesional en España (655 euros), un periodista del misterio debería publicar, todos los meses, al menos cuatro artículos de portada en cuatro revistas comerciales especializadas. Es decir, viajar, investigar, invertir mucho dinero para obtener cuatro reportajes competitivos que mereciesen dichas portadas… Improbable.

Además, no existen tantas revistas comerciales, ni es posible invertir el tiempo y dinero necesarios para generar tales contenidos, sabiendo además que nunca te compensará económicamente. Seamos realistas. Vivir del “periodismo del misterio” en España es realmente difícil. Salvo los casos de Iker Jiménez, Sierra y Benítez, nadie podrá decir que se ha hecho rico escribiendo sobre misterios. Pero es que incluso malvivir del “periodismo del misterio” es prácticamente imposible. Digan lo que digan los pseudo-escépticos.

Salvo la escasa decena de periodistas contratados por una redacción, el 99% de los jóvenes apasionados por lo paranormal que intentan malvivir dedicándose a la profesión que aman, a duras penas llegan a fin de mes con lo que pagan las revistas por un artículo o una colaboración radiofónica o televisiva. Y quienes aún así lo intentan saben que tienen que generar contenidos, sin disponer de mucho tiempo ni recursos para investigarlos a fondo, o incluso plagiándolos de otros autores. El resultado es que la mayoría de los trabajos no pasarían un mínimo control crítico. Y una vez más todos los aficionados salimos perjudicados.

En el mejor de los casos el “periodismo del misterio” colecciona testimonios. Reúne relatos. Pero, en el 99% de los casos, y a diferencia de lo que hace el periodismo de investigación, no los contrasta. No existe el “periodismo de investigación del misterio”. Porque el periodismo de investigación implica tiempo y dinero, y todavía no hay suficiente mercado como para que ningún medio se interese en invertir en ello. Así que, por ahora, nos quedamos en el coleccionismo de relatos.

Otros soportes para el periodismo especializado son la radio y la TV. En radio, y tras la desaparición de Milenio 3, solo queda un programa en una emisora nacional, especializado en misterios: Espacio en Blanco (ya que la mayoría de contenidos de La Rosa de los Vientos no tienen relación con el misterio), y en Espacio en Blanco ninguno de los colaboradores de dicho programa recibe ninguna remuneración económica por su trabajo (lógicamente el equipo contratado por RNE, sí).

Los colaboradores de los podcasts y programas locales tampoco suelen cobrar. Salvo los patrocinados con anuncios de videntes y curanderos… De nuevo el lucro, en general, no es un móvil.

En cuanto a TV, el medio más lucrativo, efectivamente es otra expectativa profesional para los aspirantes a periodistas especializados. Sin embargo en estos momentos solo existe un programa especializado en la televisión nacional: Cuarto Milenio. Y los redactores especializados de su plantilla, afortunados por recibir un sueldo digno por su trabajo, se cuentan con los dedos de las manos

Excepcionalmente, y desde hace solo algunas temporadas, los invitados a plató (que no los entrevistados en los reportajes) cobran unos 300€ por intervención. Pero salvo un par de excepciones, ninguno repite todas las semanas. Tampoco parece un sueldo que se aproxime al salario mínimo interprofesional…

En cuanto a los libros, el panorama es más desolador. La piratería y la crisis han hecho descender las cifras de venta a porcentajes catastróficos. Los sellos más prestigiosos, en editoriales como Planeta, han ido recortando la valoración de los adelantos hasta cifras menores de lo que se cobraba hace años por un reportaje en Más Allá. Con la diferencia de que escribir un libro equivale al trabajo de 15 o 20 reportajes…

La mayoría de editoriales ya ni siquiera pagan adelanto, y los derechos de autor oscilan entre el 3 y 10% de las ventas del libro.

De hecho, ante un panorama tan apocalíptico, han comenzado a proliferar las empresas de autoedición, en las que el autor no solo no cobra, sino que paga porque editen su libro. Por tanto, afirmar que los escritores de libros de misterio se lucran, solo puede ser tildado de estupidez.

Ante tan escasas perspectivas profesionales, podemos comprender que muchos “periodistas del misterio” se vean en la obligación de publicar refritos, cuando no absolutas invenciones, ante la imposibilidad económica de realizar periodismo de investigación en el ámbito de las anomalías. O eso, o renunciar a vivir del “periodismo del misterio”, teniendo una actividad profesional que sufrague los gastos y buscando en la publicación otras gratificaciones no pecuniarias…

Solo hay que echar un vistazo a las publicaciones especializadas. Además de las ventas (que no han hecho más que descender desde que empezó la crisis), su otra fuente de financiación es la publicidad. ¿Y quién paga por anunciarse en una revista de misterios? ¿Pueden condicionar esos anunciantes el tipo de contenidos? ¿Tendría relación ese supuesto condicionamiento con la escasez de artículos críticos?

Quizás es solo que los lectores, oyentes, televidentes, prefieren entrar en el juego de “soñar” o “disfrutar del miedo”. Y ante esa demanda se crea la oferta.

En marzo de 1989, cuando salía a la luz el primer número de la revista Más Allá, con 116 páginas a todo color y una tirada inicial de 170.000 ejemplares, muchos jóvenes aspirantes a “periodistas del misterio” creyeron que sería posible vivir de su pasión. Pero solo unos pocos tenían acceso a un puesto fijo en la redacción. Un sueldo normal, en unas condiciones normales sometido, eso sí, al criterio editorial de la empresa.

Pero el fenómeno social que fue Más Allá no duró mucho. Como recuerda Javier Sierra: “En 1995 las cifran habían caído a los 64.000 ejemplares, mientras que las de Año Cero rara vez superaban los 35.000 de venta en España”.



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