PERIODISTAS DEL MISTERIO… ¿HÉROES O CHARLATANES?



“Solo tienes derecho a hacer cosas geniales…”. Esto me dijo, en una noche inolvidable, André Malby, amigo personal de mi admirado Andreas Faber Kaiser hasta el día de su muerte. Y siempre supuse que esa frase estaba dirigida, genéricamente, a quienes se autodenominan investigadores o divulgadores del mundo de las anomalías. Pero lo cierto es que rara vez hacemos cosas geniales.


A diferencia de lo que ocurre en otros ámbitos del periodismo, en el llamado “periodismo del misterio”, pasan los años sin que se produzcan titulares realmente relevantes. En otros ámbitos del periodismo nos encontramos con grandes temas que han sacudido los cimientos de toda la sociedad: de los GAL de El Mundo a los “Papeles de Panamá” del CIPI, pasando por el caso NOS, los “niños robados” o el escándalo del Metro de Valencia destapado por Jordi Évole… 

Sin embargo, desde los 12 primeros expedientes OVNI del Ejército del Aire español filtrados a J.J. Benítez, no existen “Watergates” del misterio. 

A pesar de que la divulgación en el ámbito de las anomalías pretende enfrentarse a las cuestiones más trascendentes e importantes del ser humano, somos incapaces de generar información realmente relevante más allá de la entrevista a un testigo, la crónica de una noche de psicofonías en una casa abandonada o el viaje a un lugar lejano y exótico cargado de supuestos misterios… ¿Qué estamos haciendo mal? ¿Por qué algunos divulgadores de anomalías se autodenominan “periodistas de investigación” cuando no investigan realmente nada? 

No se trata de un problema de cualificación. Al contrario. Probablemente no existe mejor escuela periodística que la investigación de las anomalías. Ejemplos como Carlos G. Fernández lo demuestran sin lugar a dudas. Desde su entrada en el Diario de Pontevedra no ha cesado de demostrar su profesionalidad, ascendiendo en el periódico y firmando reportajes o noticias que sus compañeros (unos redactores, otros fotógrafos) no podían ejecutar solos. Carlos se curtió como reportero en el contexto ufológico, y esa fue su mejor facultad. Hoy puede cubrir mejor que ninguno de sus compañeros, licenciados en Ciencias de la Información, cualquier evento político, social o deportivo, realizar el reportaje fotográfico, o escribir un guion televisivo… 

Los periodistas que llegaron del misterio, parafraseando a Malby, pueden hacer cosas geniales. Solo hay que vigilar las listas de los libros más vendidos para encontrarse con que ensayos o novelas de autores como José Lesta, Bruno Cardeñosa o Javier Sierra han encabezado dichas listas hace algunos años. Y no fue por sus “padrinos” en los medios, sino por su valía. Sobraban ganas, ilusión y buenas intenciones, pero el verdadero periodismo de investigación precisa de mucho más. 

El campo de las anomalías pretende enfrentarse a las preguntas existenciales más importantes de la historia de la humanidad: ¿existe vida después de la muerte? ¿Hemos sido visitados por inteligencias no humanas? ¿Posee el cerebro humano formas de percepción no sensoriales?, etc… Pero pasan los años y los divulgadores no terminan de aportar ninguna información relevante en ninguno de esos supuestos. Por el contrario. EOC es un buen ejemplo de cómo cada día descubrimos que supuestos misterios, divulgados recurrentemente en libros, programas o revistas, en realidad no son tales…


Quizás ha llegado el momento de que nos detengamos un instante para hacer una autocrítica sobre el sector más influyente del mundo del misterio: sus divulgadores. De hecho, el último gran engaño “paranormal” colectivo, el caso del Yeti de Formigal, al que dedicamos un completo informe en EOC, es el ejemplo más reciente de la mala praxis de los periodistas. Incluidos los autodenominados “periodistas del misterio”. Porque el problema no está en los especialistas en el misterio… sino en el periodismo. 

Si no está muy claro que es un periodista, ni eso que llamamos genéricamente “misterio”, menos aún que es un “periodista del misterio”. 

Según el DRAE un periodista “es una persona legalmente autorizada para ejercer el periodismo, y/o persona profesionalmente dedicada en un periódico o en un medio audiovisual a tareas literarias o gráficas de información o de creación de opinión”. Entendiendo por periodismo: “Nombre masculino. 1: Profesión que comprende el conjunto de actividades relacionadas con la recogida, elaboración y difusión de información actual o de interés para transmitirla al público a través de la prensa, la radio o la televisión. 2: Conjunto de estudios o conocimientos necesarios para conseguir el título de periodista”. 

En cuanto al termino “misterio” la Real Academia es mucho más ambigua, sugiriendo una docena de definiciones distintas (http://dle.rae.es/?id=PPVzcmY). La número 1, más cercana a este contexto dice: “1. m. Cosa arcana o muy recóndita, que no se puede comprender o explicar”. Así pues, desde el punto de vista exclusivamente lingüístico, entenderíamos por “periodista del misterio” a “una persona legalmente autorizada para la recogida, elaboración y difusión de información, para transmitirla al público a través de la prensa, radio o televisión, sobre cosas arcanas o recónditas que no se pueden comprender o explicar…”. 

En realidad son los investigadores, y no los periodistas, los que recogen y elaboran la información relevante sobre misterios… solo que no lo hacen con la motivación de “trasmitirla al público a través de la prensa”. Y salvo casos excepcionales, los autodenominados “periodistas del misterio” no son personas “legalmente autorizadas” (licenciados en Ciencias de la Información), para ejercer el periodismo. 

La mayoría nunca cursó esa carrera universitaria, o de cursarla, no llegaron a terminarla. Sin embargo, en España, el periodismo es una de esas titulaciones inútiles que, a diferencia de lo que ocurre con la medicina, derecho, ingeniería, etc, no implica riesgos de intrusismo. De hecho algunos de los periodistas más reconocidos del país no estudiaron la carrera o nunca la terminaron: Angels Barceló, Carlos Herrera, Matias Prats, Sara Carbonero, Margarita Landi, Carles Francino, Ana Blanco, Lucía Riaño, etc. Sin embargo estos periodistas contaron con la ventaja de especializarse en ámbitos reconocidos socialmente: periodismo político, sucesos, crónica social, periodismo deportivo… Pero ¿qué es el “periodismo del misterio”? 

Si introducimos ese concepto en Google, el oráculo del siglo XXI, en seguida nos encontramos, entre los primeros 4.490 resultados listados, con nombres familiares, aunque de reputación y credibilidad muy diferente: Javier Pérez Campos, Miguel Ángel Segura, Javier Sierra, Álvaro Anula Pulido, José Alvarenga, Cristina Candela, Francisco Contreras, Fran Recio… Son los primeros nombres propios asociados a ese término que encontramos en el buscador. Y aún siendo todos nombres familiares para los aficionados a las anomalías, lo único que parecen tener en común es que se autodenominan “periodistas del misterio”.


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