VICTIMAS DE LA CREENCIA EN LOS VAMPIROS


En enero de 1973 John Pye , un joven oficial de la Brigada de Homicidios de la policía británica, acudió al número 3 de la urbanización "The Villes", en Stokeon-Trent, en lo que parecía un caso rutinario. El cadáver de un hombre había aparecido en extrañas circunstancias.

Al llegar la casa del fallecido, descubrió que el hombre sentía tal terror por la luz eléctrica que no utilizaba bombillas en su casa. La habitación del fallecido estaba sumida en la más absoluta oscuridad, así que tuvo que realizar la inspección ocular utilizando una linterna. A medida que el policía escrutaba cada rincón de la habitación se sumía en el mayor asombro. En su "Diligencia de Inspección Ocular" reseñó los extraños elementos que encontró entorno al cadáver; había sal esparcida por la habitación y sobre las mantas, junto a la cara del cadáver se hallaba una bolsa de sal y entre las piernas otra, el hombre había mezclado sal con su orina en diversos recipientes, y fuera, en el alféizar de la ventana, se veía un cuenco invertido que cubría una mezcla de excrementos humanos y ajo...


El cadáver encontrado pertenecía a Demetrious Myiciura, un inmigrante polaco, que 25 años antes había dejado su país para instalarse como ceramista en Inglaterra, instalándose en el corazón de la región ceramista de Stokeon-Trent. 

Según el informe forense, Myiciura se había asfixiado con una cebolla en vinagre; el Juez de Instrucción consideró el caso como "inusual", a pesar de que existían precedentes de "personas que tragando la comida sin masticar se asfixiasen". Sin embargo el joven policía John Pye, había continuado investigando. El aspecto de la habitación, que parecía una "fortaleza contra vampiros" le llevó a consultar bibliografía sobre el tema, y en un excelente tratado de Antonhy Masters titulado "Natural History of de Vampire" -editado en Inglaterra un año antes-, Pye encontró la confirmación a sus sospechas: sal y ajo son los repelentes tradicionales de los vampiros, y la mezcla en el alféizar de la ventana de Myiciura debía atraer a los vampiros, que luego se envenenarían con el ajo. 

Cuando el policía puso al juez al corriente de sus descubrimientos bibliográficos, el magistrado ordenó un nuevo examen de la supuesta cebolla en vinagre, descubriendo así que en realidad se trataba de un diente de ajo. Como medida final para ahuyentar a los vampiros, el pobre y supersticioso ceramista se había acostado con un diente de ajo en la boca, y el ajo le había causado la muerte por asfixia.

Su creencia en los vampiros había costado la vida al ceramista polaco, proveniente de una zona europea donde la creencia en los vampiros ha causado casos aún más dramáticos.

En marzo de 1988 Marica Stankovic, una joven yugoslava de la ciudad de Nis, ciudad casi fronteriza con Rumania, murió a manos de su propia madre y de su hermana menor, quienes le atravesaron el corazón con una horquilla de estercolero. Para rematar la faena su madre acudió a la ferretería del pueblo y compró la estaca de madera más grande que tenían, con la que atravesó el corazón de su hija que, según declaró a la policía, era un vampiro. 

Por desgracia no solo en torno a Rumanía se han dado esos casos. Poco después en Santiago de Chile, la policía detenía a Bernardo Salamanca, pastor de la iglesia Ejercito Evangélico de Chile, de veinte años de edad. Salamanca atravesó el corazón de su sobrino Hernán Edgardo Cofré, con una estaca de madera de 20 centímetros que el mismo había confeccionado. El niño era epiléptico, pero su tío, fanatizado por su fe, interpretó sus ataques como los síntomas de una posesión.

La reencarnación de Drácula en España

Rafael Angel Pintos Méndez nació en 1965 en la misteriosa Galicia, pero prefiere que lo llamen por su nombre mágico: Vladimir Bathory Basarab. Según afirma Pintos, es la reencarnación de Vlad Tepes "El Empalador", el célebre noble rumano Conde Dracul, que imspiró a Brad Stoker la novela "Dracula", y escogió Galicia para reencarnase "por el fuerte culto a la muerte que manifiesta la cultura rural gallega" (?).


Desde niño, según ha confirmado su profesor de EGB, don Pablo, ya tenía un comportamiento extraño, siendo un niño absolutamente introvertido. A los 17 años, viendo una película de Christopher Lee (poco imaginaba el adolescente Rafael que terminaría compartiendo plató de TV con el legendario actor), tuvo una especie de "revelación", y se hizo consciente de su naturaleza vampírica.

A partir de entonces vivió un proceso de aún más acentuada introversión. Se sentía incomprendido -aún lo es- y comenzó a frecuentar cementerios y camposantos aprovechando la soledad nocturna. "En los cementerios -me diría- me siento revivir. Para mi meterme en una tumba o en un nicho es como volver a casa...".

Después llegaron sus visitas al matadero. Con un copón especial pedía permiso para beber la sangre de los animales sacrificados, y comenzó a correr, de boca a boca, la existencia de tan pintoresco personaje en Poio.

Sus visitas a los cementerios y al matadero lo han convertido, con los años, en un personaje muy popular. Ha sido entrevistado por docenas de revistas y periódicos, e incluso fue portada de la revista esotérica RITOS en su número 10 (octubre 1992). 

Actualmente es un personaje muy famoso en Pontevedra. Es fácil verlo, destaca de la masa. Su forma de vestir, como un dandy romántico de finales de siglo XIX, con bastón, chistera o capa, llama la atención. Sobretodo de los indeseables. Al menos en tres ocasiones bandas de gamberros lo han hecho blanco de su violencia, y a recibido terribles palizas, solo por el delito de ser consecuente con sus creencias. Pero, pesa a las burlas y la incomprensión de sus vecinos, y a las palizas de los gamberros, Rafael Pintos continua viviendo su fe. 



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