LUCES ROJAS: MAGOS CONTRA FALSOS MEDIUMS


En marzo de 2012 se realizó, en España, el estreno mundial de “Luces Rojas”, la última película del aclamado director de “Buried”, Rodrigo Cortés. Robert de Niro, Sigourney Weaver y Cillian Murphy protagonizan esta ambiciosa película sobre dos parapsicólogos que investigan fraudes paranormales, y sobre el mayor psíquico de la historia, que consigue superar todas sus pruebas. Manuel Carballal, ha sido el magic coach de este film, que rescata del olvido la figura de los desenmascaradores.

Estaba nervioso, lo confieso. Coloqué de nuevo en las manos de Robert De Niro el gadget preparado para reproducir el “efecto Geller”, utilizando una cuchara de café que debería doblarse, ante nuestros ojos, de forma supuestamente paranormal. No había tenido mucho tiempo para practicar con el famoso actor norteamericano en su caravana, unos minutos antes, así que casi estábamos improvisando el efecto paranormal ante las cámaras…




Mi contrato con la productora no incluía este efecto, pero Rodrigo Cortés se había entusiasmado cuando le mostré la nueva técnica de doblaje de metales que acababa de incluir en mi repertorio y, casualmente, esa misma mañana habían estado rodando la escena en que el portentoso psíquico Simon Silver (Robert De Niro) era sometido a todo tipo de experimentos en un laboratorio de parapsicología, inspirado en los experimentos realizados con Uri Geller en el Stanford Research Institute, en 1970.

Tras presenciar la grabación de la escena, se me había ocurrido que esta nueva técnica de doblaje de metales, que no implica ningún truco de cámara o realización, podría enriquecer la secuencia en manos de De Niro, y Rodrigo me pidió que intentase enseñar a su Simon Silver, cómo hacerlo.

No es un “efecto” sencillo. Requiere cierta práctica y habilidad de prestidigitador, pero finalmente conseguimos que Robert de Niro emulase los poderes de Uri Geller, de forma inquietantemente creíble… Tanto como muchos otros mediums, psíquicos, curanderos y predicadores, cuyos poderes sobrenaturales resultan igual de discutibles…

Luces rojas


A principios de 2008 recibí la primera llamada de Rodrigo Cortés. Hoy confieso con pudor que, por aquel entonces, ni siquiera conocía su magistral película “El Concursante”, absolutamente premonitoria, y que hoy, en plena crisis económica, tiene más vigencia incluso que en el año de su estreno. Sin embargo, en mi descargo, diré que muy probablemente muchos lectores tampoco conocían la obra de este brillante director antes de que, en 2010 maravillase a la crítica norteamericana primero, y del resto del planeta después, con su magistral “Buried” (Enterrado), convirtiéndose inmediatamente en un director de culto. Pero “Buried” fue un proyecto que surgió de repente, mientras Cortés trabajaba en su guión de “Red Lights” (Luces Rojas), la historia de la Dra. Margaret Matheson (interpretada ahora por Sigourney Weaver), y el Dr. Tom Buckley (interpretado por Cillian Murphy), dos investigadores especializados en desenmascarar fraudes paranormales, que tienen que enfrentarse al mayor psíquico de la historia: Simon Silver (Robert de Niro), capaz de superar todas las pruebas a las que someten sus excepcionales capacidades extrasensoriales y psicokinéticas.

En nuestras primeras conversaciones, allá por 2008, y gracias a la excelente labor de documentación del periodista David Cuevas, Cortés ya estaba familiarizado con los grandes clásicos de la parapsicología y el espiritismo. Daniel Douglas Home, Nina Kulagina, Uri Geller, etc. Mi humilde contribución se limitaba a relatarle de primera mano, el trabajo de un investigador especializado en los fraudes paranormales, ilustrándolo con casos reales que, quién esto escribe, ha tenido la oportunidad de desenmascarar, como las historias del curandero Andrés Ballestero (EOC nº 34) , el contactado venezolano Ismael Rodríguez ((EOC nº 50), el sanador argentino Ricardo Schiaretti (EOC nº.51), los diablos de Haití (EOC nº 51), las Hadas de Cottingley, etc. Y otros no explicados, como el de Uri Geller, Mónica Nieto, etc, que también tienen una presencia, más o menos mimetizada, en “Luces Rojas”


En 2011, y tras el éxito internacional de “Buried”, Rodrigo Cortés retomó el proyecto de su película sobre los desenmascaradores, con mucho mas respaldo, presupuesto y capacidad que en 2008 y, por razones inexplicables, tuvo la amabilidad de contratarme como “magic coach” de la película, dándome la oportunidad de colaborar, aunque Murphy no lo necesitase, en la consolidación del personaje de Tom Buckley. Para ello debía trabajar con Cillian Murphy, familiarizándolo con las técnicas de prestidigitación e ilusionismo, imprescindibles para todo investigador serio de los supuestos fenómenos anómalos. Murphy resultó ser un alumno excepcional. Y Cortés tuvo la amabilidad de mantener en el guión una escena, en la que Murphy reproduce uno de los efectos que el director de “Red Lights” me había vista realizar en 2008, y que yo había adaptado de un gadget de prestidigitación, a mi repertorio de mentalismo, y a mis demostraciones sobre el desenmascaramiento de los falsos mediums, psíquicos y videntes.

Magos contra falsos mediums

El pasado año 2011, la Biblioteca Nacional de Madrid acogió la primera exposición sobre la historia de la magia en España, dirigida por el veterano historiador del ilusionismo, y mago profesional, Rafael Amineva, propietario de casi la mitad de las 150 piezas expuestas durante varios meses en la Biblioteca Nacional. Entre ellas antiguos juegos de manos, cartelería, gadgets y sobretodo libros, docenas de libros antiguos sobre cartomagia, micromagia, escapismo, faquirismo, mentalismo, y otras muchas artes de la antigua ciencia de la magia.

Ha sido una oportunidad fascinante para conocer algunos de los detalles históricos de esa fábrica de ilusiones que es la magia. Una ciencia “inventada” en el Egipto del faraón Keops, pero que se desarrolló y evolucionó paralelamente en todo el mundo. Y desde sus orígenes, han existido magos preocupados porque algunos desaprensivos hiciesen pasar sus juegos de manos, sus aplicaciones científicas, y sus “trucos” de ingenio, por poderes sobrenaturales. Así nació la ciencia del desenmascaramiento. Una disciplina a la que la exposición dirigida por Rafael Amineva, dedicó una de las salas en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Según Juan Tamariz, ya en el siglo I d.C. tenemos constancia histórica de la existencia de hábiles manipuladores callejeros de cubiletes (utilizando vasos para el vinagre). Así lo recogió el filósofo cordobés Séneca en sus escritos, donde además exponía su inteligente falta de interés por descubrir el secreto de los prestidigitadores callejeros, y no perder así, el encanto de la ilusión mágica que creaban. Sin embargo, y pese a esa cita de Séneca, tendríamos que esperar hasta la España árabe de Al Andalus, para encontrar descripciones más precisas y extensas sobre la presencia de magos e ilusionistas en nuestro país. Y el primer cronista de la magia, documentado históricamente en España, fue precisamente un desenmascarador.

A pesar de que el Islam condena con la misma energía que el judaísmo o el cristianismo toda forma de espiritismo, adivinación o práctica de hechicería, la España de Al Andalus era un referente en el desarrollo de las matemáticas, la física o la química. Y aunque el gran público lo ignore, con frecuencia estas ciencias son los pilares de las artes mágicas. Por esta razón no debe extrañarnos que en el siglo X, poeta, psicólogo, polígrafo y moralista Ibm Hazam de Córdoba (donde todavía se conserva un monumento en su memoria), en su “Historia de las religiones”, se hiciese eco de los prodigios de un santón llamado Abu Mohamed “Al Mojric” (El Milagrero).

El pícaro Abu Mohamed se había ganado gran popularidad haciendo que en su presencia se materializasen voces que surgían de las paredes de la mezquita, como si los mismísimo jínas, los genios de los que habla extensamente El Corán, quisiesen hacerse oír.

El cronista, sin embargo, explica también que el truco de los “poderes místicos” de Abu Mohamed se ocultaba en su secretario, Mohamed Ben Abdallah, quién escondido tras las paredes, y utilizando un tubo introducido por un agujero, emitía las voces y sonidos que los demás escuchaban:

“Yo mismo descubrí y confundí las trampas de un tal Abu Mohámed, conocido por Al Mojric (El milagrero), que hacía que en su presencia oyesen las gentes hablar sin que se viese quién era el que hablaba. Desafié yo a uno de los defensores entusiastas de aquel prestidigitador a que éste consiguiese hacerme oír a mí aquello mismo en otro lugar cualquiera que no fuese la mezquita o en un sitio completamente abierto, sin paredes ni construcción alguna; pero rehusó aceptar mi reto y así quedó al descubierto la trampa de que se servía. Y era un trozo de caña agujereada por ambos extremos, metido en la pared por detrás, a través de un orificio disimulado; un individuo pronunciaba unas pocas palabras, dos ó tres no más, desde el otro extremo del canuto, en el momento en que el público de la mezquita estaba distraído,y así nadie de los que en ella se encontraban en compañía de aquel milagrero impostor, podía sospechar que las palabras eran emitidas por el individuo que estaba cerca de ellos…”.


Un truco que ha sido documentado, por los historiadores de la magia, desde el Egipto faraónico hasta el África de los hechiceros y médicos tradicionales. En mi libro El secreto de los dioses (Martínez Roca, 2001), dedico varios capítulos a documentar ese uso ilegítimo de la magia por chamanes, hechiceros y santones de todos los tiempos y culturas.

El lúcido Ibn Hazm menciona en su Historia de las religiones, otros fenómenos supuestamente extraordinarios, que dependen tan solo de la pericia y habilidad del prestidigitador, como las artes del “escamoteador, que las gentes ven con sus propios ojos, sin que sean otra cosa que “operaciones sutiles que en nada alteran las leyes de la naturaleza”. Como ejemplo se mencionan antiguas rutinas del ilusionismo, como el cuchillo con mango hueco, que oculta la cuchilla que parece clavarse en el cuerpo del mago; el anillo suspendido de un hilo, que parece aparecer y desaparecer en la boca del prestidigitador; o los primeros teatros de sombras chinescas que surgen en la España árabe del siglo X, y que hicieron disfrutar a los señores del califato, hasta la caída de Granada, en el siglo XV.

Desenmascaramiento

El primer libro sobre desenmascaramientos publicado en España, y uno de cuyos ejemplares se incluía en esta exposición, aparece en 1847. Pero la obra Palacio desencantado de Mister Macallister, del empresario teatral Antonio Rotondo, no fue un simple libro divulgativo, sino una venganza del empresario que se había sentido estafado por el mago inglés Macallister, quién había cosechado un notable éxito con su espectáculo “El Palacio Encantado” en Madrid. 54 páginas en las que el empresario explica las 45 rutinas mágicas presentadas en Madrid por Macallister, quién había sido ayudante del famoso mago francés Philippe.

En esa segunda mitad del siglo XIX se vio también como los magos e ilusionistas enriquecían sus repertorios con el magnetismo animal, ahora conocido como hipnosis, una nueva ciencia recién descubierta en Francia por Anton Mesmer. Y el hipnotismo de espectáculo, junto con el faquirismo, el escapismo, las grandes ilusiones, etc, fueron nutriendo, cada vez más, el feroz apetito de ese arte que es la magia, que jamás deja de evolucionar. Pero también suscitaban el recelo de algunos ilusionistas, que veían como impostores, falsarios y falsos sanadores, se apropiaban de esas técnicas para engañar a sus clientes.

Pero habría que esperar casi un siglo, hasta 1931, para que viese la luz el primer gran trabajo clásico sobre desenmascaramiento. Se trata de Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos, del jesuita mexicano padre Carlos María de Heredia. El Padre Heredia, apasionado del ilusionismo, y amigo personal de Harry Houdini, nació en México DF un 22 de noviembre de 1872. Tras presenciar una actuación del mago norteamericano Herrmann, en México, se sintió fascinado por la prestidigitación y comenzó a estudiar la ciencia de la magia. Una pasión que no abandonó ni siquiera cuando ingresó en la Compañía de Jesús, en 1887, ordenándose como sacerdote jesuita en 1906.

Durante los primeros años del siglo XX compatibilizó su trabajo pastoral y social, fundó varios orfanatos, escuelas de artes y oficios, casas de acogida, etc, con el estudio de los fenómenos espiritistas y metapsíquicos, que ya se habían implantado en América Latina. En México y Colombia, donde fue profesor de química, realizó varias demostraciones de cómo a través del ilusionismo se podían reproducir, e incluso superar, muchos de los supuestos fenómenos sobrenaturales que protagonizaban los mediums. En una de sus conferencias espectáculo en Bogotá, incluso estuvo presente el presidente colombiano Miguel Abadía Méndez y varios de sus ministros.

En Estados Unidos, donde residiría varios años antes de regresar a México, impartiría clases en la Universidad de Fordham, convirtiéndose en un afamado polemista televisivo, por sus audaces retos a los mediums y psíquicos, a los que invitaba a demostrar sus supuestas capacidades sobrenaturales. Heredia fue el primero en ofrecer un premio, 10.000$, a quién pudiese demostrar sus capacidades mediúmnicas.

A pesar de que este polémico jesuita es autor de diferentes obras teológicas, como La leyenda mariana, Una fuente de energía o Un reportero en los tiempos de Cristo, también firmó importantes trabajos sobre los fenómenos psíquicos, como Spiritism and Common Sense o Las aventuras espiritistas de Sherlock Holmes, donde resume su apasionada polémica con Sir Arthur Conan Doyle, autor de las novelas sobre el célebre detective británico, y que consolidó la fama del jesuita en Europa. Sin embargo su obra más célebre es “Los fraudes espiritistas y los fenómenos metapsíquicos”, publicado en 1931, donde Heredia relata sus desenmascaramientos de numerosos falsos mediums y psíquicos en todo el mundo. Esta obra llegaría a vender más de 100.000 ejemplares, antes de ser reeditada 10 años después. Más tarde volvería a imprimirse en 1945 en Montevideo, en 1946 en Barcelona, en 1961 en Buenos Aires, etc. Y también sería traducida al inglés y francés.

Los herederos de Houdini

Es imposible analizar el desenmascaramiento sin recordar al mago y escapista húngaro Erik Weisz, más conocido por su nombre artístico Harry Houdini. A pesar de que el joven Erik se inició en el mundo del espectáculo como trapecista, fue un libro del veterano mago norteamericano Jean Eugéne Robert-Houdin el que lo seduciría hasta el extremo de cambiar el trapecio por la magia, y adoptando el nombre de Houdini, en homenaje a su introductor al mundo del ilusionismo.

Houdini pasó a la historia como el mejor escapista del mundo. Disciplina esta, la del escapismo, que estudio y depuró de forma extraordinaria, sin embargo Houdini, como Carlos María de Heredia, vivió los años de auge del espiritismo, y no pudo evitar involucrarse en él. Los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX supusieron la gran eclosión del espiritismo en Europa y América, y Houdini, al igual que Heredia, se dedicó, durante los últimos años de su carrera, a desenmascarar a todo tipo de mediums, videntes y supuestos dotados, que utilizaban trucos y engaños en sus demostraciones paranormales. Sus investigaciones llegaron al extremo de que, disfrazado, Houdini se infiltraba en las sesiones de algunos mediums, acompañado de un policía, que inmediatamente detenía al falso médium cuando era sorprendido en pleno fraude por el mago.

Houdini creó toda una escuela, y tras él docenas de prestidigitadores e ilusionistas, como John Maskelyne o Milbourne Cristopher, han dedicado parte de su tiempo a desenmascarar fraudes paranormales, aunque a veces tiendan a radicalizar sus conclusiones, considerando –en mi opinión injustamente- que todo lo paranormal es necesariamente fraudulento. En ellos se inspiran los personajes de la Dra. Margaret Matheson y el Dr. Tom Buckley, en la recién estrenada “Luces Rojas”. Y una vez más, la realidad supera a la ficción.





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