EL MITO DE LOS SACRIFICIOS SATÁNICOS


El infanticidio de Almansa, el crimen del Albaicín y la Comunidad del Espíritu de Gran Aguila o "Secta de Mazagón", son tres casos que fueron presentados por la prensa nacional e internacional como "crímenes satánicos", pero como hemos visto en un post anterior, no hay ninguna conexión entre esos asesinatos y un culto satánico o luciferino. Al contrario. Técnicamente estos tres crímenes, como otros muchos asesinatos y homicidios esotéricos, han sido ejecutados por creyentes cristianos (protestantes, católicos, espiritistas, etc.) en el nombre de Dios, con objeto de expulsar a los "malos espíritus". Otra invitación a la reflexión.

En otros casos, los homicidas aseguran haber escuchado voces de extraterrestres, estar poseídos por espíritus, necesitar beber sangre humana para vivir, etc. En todos esos casos las creencias esotéricas fanatizadas, unidos a un trastorno de personalidad, pueden convertir a un ciudadano normal en un feroz asesino. La historia de la criminología española está llena de ejemplos; el "Crimen de la Vidente" aún sin resolver; el "Crimen del Vampiro" de Santiago (un profesor de EGB que asesina y mutila a su esposa por creerla un vampiro); el "Crimen del Tarot" (en el que se mezcla una vidente, un detective y una desaparición que se descubre asesinato); el "Crimen del Asesino Hechizado", un adicto a los videntes que destrozó a su vecina por "echarle mal de ojo", etc.



Sin embargo existen casos excepcionales, como los "narcosatánicos" de Matamoros, en que la creencia radical es compartida por un colectivo, dispuesto a ejecutar ritualmente a seres humanos. Según investigaciones del FBI norteamericano, el algunas ocasiones esas ejecuciones rituales podrían ser objeto incluso de "snuff movies".

Ese tipo de cultos, extremistas y muy infrecuentes, suelen basar sus fanáticas creencias en tradiciones afro-americanas o asiáticas, donde todavía se practican hoy los sacrificios rituales. En esos casos la muerte se produce casi siempre por arma blanca, y se acompaña de la mutilación de varios órganos de gran contenido simbólico, como los ojos, la lengua, el corazón, etc.

El crimen del "hombre sin nombre" de Madrid no presenta ninguno de esos elementos. La amputación de las manos, pies y cabeza, apunta más hacia un intento por evitar la identificación del cuerpo, que a un descuartizamiento ritual. No existe base para afirmar que se trate de un crimen satánico.


Sin embargo, los tatuajes si podrían indicar una cierta empatía entre la víctima y alguna corriente ideológica satánica o pseudosatánica. En base a los símbolos utilizados, y al tipo de tatuaje, más que un satanista adepto a alguna de las 10 o 12 logias satánicas organizadas que actualmente operan en España, se trataría de un individuo, afín a algún sector marginal o tribu urbana, que utiliza la simbología pseudo-satánica como elemento de advertencia a sus compañeros. Una especie de "¡cuidad conmigo, que soy amigo de SATAN!", muy frecuente en ambientes carcelarios y marginales. Probablemente toxicómano, y víctima de alguna pelea de calle, sin ninguna relación con el culto satánico organizado.







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