(III) EPÍLOGO DEL CASO MANUEL BLANCO, EL HOMBRE LOBO


UN EPILOGO MISTERIOSO

Manuel Blanco, “el hombre-lobo”, dio con sus huesos en la prisión de Allariz, donde debería terminar sus días, pero parece que el destino se había empeñado en que un halo de misterio rodease este caso hasta el final. Y es que, si bien consta documentalmente que Manuel Blanco Romasanta ingresó en la prisión de Allariz, no consta que jamás saliese de ella... ni vivo ni muerto.


Según las pesquisas que realizamos tanto en Allariz como en Rebordechao o Sta. Eulalia de Esgos, no existe ninguna tumba a nombre de Manuel Blanco Romasanta.

Los historiadores orensanos que han investigado en profundidad el caso no han encontrado ningún registro del fallecimiento de “el tendero” en prisión, y tampoco consta un traslado de cárcel, un indulto, ni nada por el estilo. La pista histórica de “el hombre-lobo” simplemente se diluye en las paredes de aquella prisión, y cuentan las ancianas del rural gallego, herederas de las antiguas meigas y paisanas de la Santa Compaña, que Manuel Blanco, adoptando la forma de lobo, consiguió burlar a sus carceleros y huir a los bosques de San Mamed donde, todavía hoy, en ciertas noches de plenilunio, se puede escuchar su terrorífico aullido, mientras acecha entre las sombras a alguna joven doncella, con cuyas tiernas carnes saciar su inagotable apetito...

PERFIL DE UN SERIAL KILLER ESPAÑOL

Para los especialistas del Centro de Investigación y Análisis de la Criminalidad Violenta y Sexual (CIAC), única asociación especializada en los asesinos múltiples en España, el caso Romasanta es un caso arquetípico de psicópata en serie. Varios de ellos, como el Tte. De la Guardia Civil Jose Luis Cervero o al criminóloga Pili Abeijón –directora de la única página web en castellano sobre Serial Killers- han estudiado a fondo e in situ el caso Romasanta.

En opinión de estos componentes del CIAC Manuel Blanco Romasanta era un asesino en serie del tipo psicópata típico. Romasanta esperaba el momento oportuno para cometer los crímenes sin ser visto, además rentabilizaba sus crímenes vendiendo los objetos personales de sus víctimas. Ocultaba los cuerpos para evitar ser descubierto y, cuando se iniciaron los rumores de sus posible asesinatos, tuvo la sangre fría suficiente para falsificar una carta a los familiares de su primera víctima, imitando su letra y pretendiendo tranquilizar a sus parientes asegurando que Romasanta la había conducido a la casa de un cura donde vivía cómodamente. Incluso, en una ocasión, Blanco Romasanta se cambió de nombre para eludir la persecución que habían iniciado los vecino de Rebordechao. Todo ello indica, según los expertos del CIAC, la suficiente cordura como para poder elaborar estrategias y tácticas para evitar a la justicia. 


Según los estudios del CIAC es probable que Romasanta portase además algún arma con la que ayudarse en la comisión de sus asesinatos, ya que según la documentación que obra en poder de CIAC, incluyendo retratos robot y descripciones forenses de Manuel Blanco, tan sólo medía 1, 37 cm. de estatura, siendo un hombre que difícilmente poseería la fuerza física suficiente para matar tan solo con sus manos a las mujeres y niños, y sobretodo a los hombres de cuyas muertes se confesaba autor. Todos estos elementos hacen suponer a los especialistas que Manuel Blanco Romasanta encaja perfectamente en la clasificación de psicópata.

Por otro lado Romasanta vivió una infancia difícil. Huérfano de padre y víctima de una educación represora, en su primera edad pudo gestarse en su mente la semilla de la psicopatía que, con el paso de los años lo convertiría en el mas brutal asesino en serie de la historia criminal española, haciendo palidecer a otros Serial Killers como Joaquin Ferrandis, Manuel Delgado o Francisco Garcia.





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